{"id":1284,"date":"2016-04-19T09:41:18","date_gmt":"2016-04-19T15:41:18","guid":{"rendered":"http:\/\/codemar.net\/podcast\/?p=1284"},"modified":"2016-04-19T11:16:44","modified_gmt":"2016-04-19T17:16:44","slug":"la-misa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/codemar.net\/podcast\/la-misa\/","title":{"rendered":"La Misa"},"content":{"rendered":"<h4>La Misa es el ofrecimiento de Cristo y nuestro al Padre.<\/h4>\n<pre>Fuente: <a href=\"http:\/\/es.catholic.net\/op\/articulos\/6799\/cat\/376\/que-es-la-misa.html\">es.catholic.net<\/a> - Editado por: Codemar.net<\/pre>\n<p>B\u00e1sicamente tiene dos partes, que son la <b>Liturgia de la palabra<\/b> y <b>la Eucarist\u00eda.<\/b><\/p>\n<p>Fij\u00e9monos que son como las dos partes de la Misa: la liturgia de la Palabra y la Eucarist\u00eda, que viene a ser la &#8220;fracci\u00f3n del pan&#8221; que Jes\u00fas hizo el jueves santo (y que estos disc\u00edpulos recordar\u00edan cuando reconocieron a Jes\u00fas).<\/p>\n<h5>a) La Liturgia de la Palabra<\/h5>\n<p>Comienza la Misa con un beso al altar, porque el altar es Cristo. Invocamos a la Sant\u00edsima Trinidad, fuente de vida sobrenatural; y queremos disponernos bien con un acto penitencial, pidiendo perd\u00f3n de nuestros pecados (para los pecados graves, se requiere el sacramento de la confesi\u00f3n)<\/p>\n<p>Con las lecturas b\u00edblicas, se contin\u00faa el di\u00e1logo de Dios con sus hijos, y proclamamos las maravillas de la salvaci\u00f3n (especialmente los misterios de la vida de Jes\u00fas hecho hombre y la fidelidad de Dios, que no se echa atr\u00e1s de sus promesas). Esta palabra viva y eficaz, m\u00e1s penetrante que una espada, provoca en nuestro coraz\u00f3n una conversi\u00f3n, un est\u00edmulo a darnos m\u00e1s, a amar m\u00e1s, nos infunde esperanza (la selecci\u00f3n de textos de cada domingo se hace con un ritmo c\u00edclico de tres a\u00f1os). La homil\u00eda nos ayuda a actualizar estos tesoros b\u00edblicos y aplicarlos a nuestras necesidades, como una semilla que puede producir mucho fruto, aunque muchas veces lo entendemos a nuestro modo y vamos profundizando sabiendo que es algo inabarcable, como un iceberg cuya mayor parte sigue hundida en el misterio y no se ve, aunque sepamos que est\u00e1 realmente ah\u00ed dando consistencia y haciendo posible la belleza de lo que se ve&#8230; As\u00ed los disc\u00edpulos de Ema\u00fas -y nosotros tambi\u00e9n- se transforman de tristes en felices. El recuerdo de Ema\u00fas ha quedado como una catequesis \u00fanica de la Eucarist\u00eda ofrecida por el mismo Jes\u00fas resucitado&#8230; a\u00fan hoy en cada Eucarist\u00eda se vuelve a o\u00edr la palabra de Dios explicada por Jes\u00fas mismo; es \u00c9l quien, ahora como entonces, nos pregunta qu\u00e9 nos pasa y deja que le comuniquemos nuestras perplejidades, para introducirnos seguidamente en su misterio que hace arder nuestro coraz\u00f3n y que soluciona todos nuestros problemas. Su Palabra integrada en nuestra vida; nuestra vida interpelada por su Palabra.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, proclamamos nuestra fe (renovaci\u00f3n de las promesas bautismales), y rezamos unos por los otros: es la plegaria de los fieles para pedir por vivos y difuntos (especialmente por los pobres y los afligidos).<\/p>\n<h5>b) Eucarist\u00eda (acci\u00f3n de gracias)<\/h5>\n<p>La plegaria Eucar\u00edstica es propiamente la fracci\u00f3n del pan, es decir la renovaci\u00f3n del sacrificio de Jes\u00fas, el memorial de su muerte y resurrecci\u00f3n que nos hace hijos de Dios. La Cena del Se\u00f1or se llama &#8220;Lit\u00fargia eucar\u00edstica&#8221; pues consiste en una acci\u00f3n de gracias-bendici\u00f3n (con la consagraci\u00f3n del pan y del vino que hizo Jes\u00fas) y la distribuci\u00f3n (comuni\u00f3n).<\/p>\n<p>Como los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, reconfortados en aquel encuentro con el Se\u00f1or cuando les abri\u00f3 los corazones con el sentido de las Escrituras, queremos decirle a Jes\u00fas: &#8220;qu\u00e9date con nosotros, Se\u00f1or, porque anochece&#8230;&#8221; pues se nos hace de noche sin Jes\u00fas: &#8220;sin ti se me hace oscuro todo&#8221;&#8230; y Jes\u00fas se queda. Le decimos: &#8220;quiero agradecerte el regalo de la Eucarist\u00eda, quiero reconocerte en la fracci\u00f3n del pan, estar seguro de tu presencia. Cuando vienes a m\u00ed te fundes conmigo, por un momento somos los dos uno. \u00a1Y c\u00f3mo arde entonces mi coraz\u00f3n, Jes\u00fas! Cuando te siento tan cerca, \u00a1qu\u00e9 felicidad! Gracias, Jes\u00fas por quedarte con nosotros de una manera tan sencilla, tan cercana&#8221;. Sent\u00e1ndose a cenar con los de Ema\u00fas, le reconocen cuando &#8220;tom\u00f3 el pan, pronunci\u00f3 la bendici\u00f3n, lo parti\u00f3 y se lo iba dando&#8221;. Jes\u00fas se hace alimento, para que recobremos las fuerzas; y en esta plegaria le pedimos: &#8220;qu\u00e9date con nosotros! Qu\u00e9date con nosotros hoy, y qu\u00e9date de ahora en adelante, todos los d\u00edas&#8230;&#8221; Se queda como ofrenda al Padre, pues esta parte central de la Misa es una acci\u00f3n de gracias a Dios Padre en Cristo.<\/p>\n<p>Llevamos al altar todas las penas y alegr\u00edas, con la presentaci\u00f3n de las ofrendas (pan y vino para la mesa, colectas para los necesitados, etc.) y ah\u00ed tambi\u00e9n van los \u00e9xitos y fracasos de la semana, nos hacemos la voz de toda la creaci\u00f3n y unidos a Jes\u00fas ofrecemos todo al Padre: trabajos y preocupaciones, alegr\u00edas y tristezas&#8230;, toda la vida. El sacerdote pone unas gotas de agua en el vino: poca cosa, pero representa esta participaci\u00f3n nuestra que -as\u00ed como el agua es una cosa con el vino- nos har\u00e1 unir todo lo nuestro a los m\u00e9ritos infinitos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La liturgia eucar\u00edstica, parte central de la Misa, se hace en el altar, lugar del sacrificio. Tiene lugar, despu\u00e9s de la ofrendas del pan y del vino, y de esta invitaci\u00f3n a orar; el sacerdote reza una oraci\u00f3n sobre las ofrendas y comienza una acci\u00f3n de gracias larga, introducida con un di\u00e1logo que eleva los corazones a Dios y se proclama el &#8220;Santo, santo&#8230;&#8221; -juntando nuestras voces con los coros ang\u00e9licos- ante el trono de Dios. Despu\u00e9s, hay una invocaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo (ep\u00edclesis) para que transforme las ofrendas en cuerpo y sangre de Cristo, lo que ocurre en el relato de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00eda (Consagraci\u00f3n), donde se realiza la transubstanciaci\u00f3n, la consagraci\u00f3n del pan y vino que se convierten en el cuerpo y sangre del Se\u00f1or, y podemos decir con el disc\u00edpulo Tom\u00e1s: &#8220;\u00a1Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo!&#8221;. Recordando la redenci\u00f3n obrada por Jes\u00fas, ofrecemos al Padre la V\u00edctima y junto a Jes\u00fas nos ofrecemos nosotros.<\/p>\n<p>Este es el sentido profundo de la Misa. Jes\u00fas ofrece su cuerpo (su vida por nosotros) y su sangre (derramada, su muerte por nosotros) y as\u00ed tambi\u00e9n nosotros hacemos nuestra consagraci\u00f3n, ofrecemos nuestras vidas (vivir para los dem\u00e1s, por amor) y nuestra muerte (mortificaci\u00f3n, es decir vida sacrificada, que es llevar la cruz que es la se\u00f1al del cristiano) y la comuni\u00f3n con Cristo y con los dem\u00e1s nos lleva a pedir ser &#8220;un s\u00f3lo cuerpo y un s\u00f3lo esp\u00edritu&#8221;.<\/p>\n<p>Vamos a detenernos en este actuar de Dios, amante que sale a nuestro encuentro, busca la oveja perdida y env\u00eda a su hijo para salvarnos: Jes\u00fas se hace hombre y muere en la cruz y con su sacrificio cruento paga abundantemente los pecados de todos los hombres y nos reconcilia con Dios, y nos abre las puertas del cielo. El Padre organiza la gran fiesta para el hijo que vuelve despu\u00e9s de haberse perdido. Pensemos en un mendigo que es elevado a la categor\u00eda de hijo, y el rey lo acoge como hijo propio. Pues mucho m\u00e1s que esto es lo que Dios hace con nosotros a trav\u00e9s del misterio pascual de Jes\u00fas, de toda su vida. Podemos considerar la Eucarist\u00eda bajo varios aspectos, principalmente como sacrificio ofrecido a Dios, y como sacramento de la presencia de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Veamos ahora el sacrificio de Jes\u00fas por amor nuestro, y al hablar de la comuni\u00f3n nos referiremos a la presencia. Cuando el sacerdote consagra, ah\u00ed pasa algo muy importante que aconteci\u00f3 hace 2000 a\u00f1os: el hijo de Dios baja a la tierra, nace haci\u00e9ndose uno de nosotros, se sacrifica por m\u00ed, se ofrece por cada uno en la Cruz, el calvario, m\u00edsticamente pues el sacrificio se realiz\u00f3 s\u00f3lo una vez. Pero es el mismo sacrificio. Una la v\u00edctima, Jes\u00fas. Uno el sacerdote, Jes\u00fas. Y s\u00f3lo se distingue en el modo (en la cruz, en su cuerpo que muere, y en el altar de modo &#8220;eucar\u00edstico&#8221;, bajo las especies). Todos nos juntamos para hacer la Misa, que no solamente vamos para &#8220;o\u00edr la Misa&#8221;, sino a &#8220;hacerla&#8221; con el sacerdote. Porque vamos a ofrecer y a hacer sacrificios con \u00e9l. La Misa es la viva actualizaci\u00f3n del sacrificio de la Cruz.<\/p>\n<p>En la Misa se cumplen tambi\u00e9n aquellas palabas de Jes\u00fas: &#8220;cuando fuere levantado sobre la tierra atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed&#8221; (Jn 12, 32). Somos entonces sacerdotes de nuestra propia existencia, como dice san Pedro en la primera carta: &#8220;vosotros sois linage escogido, sacerdocio real, pueblo adquirido por Dios&#8221;. En la Eucarist\u00eda el sacrificio de Cristo es tambi\u00e9n el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oraci\u00f3n y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren as\u00ed un valor nuevo. Esta participaci\u00f3n de toda la comunidad asume un particular relieve en el encuentro dominical, que permite lleva al altar la semana transcurrida con las cargas humanas que la han caracterizado.Y por esto Jes\u00fas en palabras del sacerdote dice &#8220;sacrificio m\u00edo y vuestro&#8221;<\/p>\n<p>El aspecto central y principal\u00edsimo de la Misa consiste en su car\u00e1cter de sacrificio, que perpet\u00faa el \u00fanico y perfecto sacrificio de Cristo en la cruz; ahora de manera incruenta, con la separaci\u00f3n m\u00edstica de las dos especies; y el ofrecimiento de este sacrificio se realiza -por el ministerio del sacerdote- mediante la doble consagraci\u00f3n del pan y del vino, que significa la separaci\u00f3n del Cuerpo y de la Sangre, la muerte de Cristo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n hay un recuerdo expl\u00edcito de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo (anamnesis), la oblaci\u00f3n del Hijo al Padre, y unas intercesiones por los vivos y difuntos. Termina esta plegaria al Padre con una acci\u00f3n de gracias a la Trinidad (doxologia) que es asentida por el pueblo (Am\u00e9n).<\/p>\n<h5>c) La comuni\u00f3n<\/h5>\n<p>Llega el momento de distribuir el cuerpo del Se\u00f1or, y nos preparamos con la recitaci\u00f3n del &#8220;Padrenuestro&#8221;, la oraci\u00f3n de los hermanos, pues quien comulga con la cabeza de la Iglesia (Cristo) ha de comulgar con el cuerpo (fraternidad, compartir y perdonar). Si rezamos esta oraci\u00f3n cada d\u00eda la gustaremos el domingo de un modo especial. \u00bfC\u00f3mo hablar con Dios? nos preguntamos a veces: vamos a paladear bien, lentamente, el padrenuestro.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de toda la plegaria eucar\u00edstica, dirigida al Padre, en Cristo, ahora dirigimos la oraci\u00f3n a Jes\u00fas, con la petici\u00f3n de la paz: &#8220;Se\u00f1or Jesucristo, que dijiste&#8230; la paz os dejo&#8230; no mires nuestros pecados&#8230;&#8221; Y antes de la fracci\u00f3n del pan le pedimos que \u00e9l, Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, tenga piedad de nosotros y nos de su paz.<\/p>\n<p>Jes\u00fas viene a nosotros, y se consuma la Misa, que tiene un valor infinito. Pero depende de nuestra fe, pues es como un oc\u00e9ano de agua, que podemos ir a recoger con un vasito peque\u00f1o (distra\u00eddos, sin prepararnos, sin comulgar) o bien con una gran tinaja (devotamente, con amor, comulgando bien confesados); es decir que la eficacia depende de las disposiciones que llevemos, y por eso se dice sacramentos de la fe, pues producen la gracia que significan, pero al mismo tiempo se expresa y enriquece nuestra fe. Hemos procurado hacer actos de fe, mientras el sacerdote hac\u00eda la fracci\u00f3n del pan y record\u00e1bamos las palabras del centuri\u00f3n, y por dentro pens\u00e1bamos que si una s\u00f3la palabra de Jes\u00fas es capaz de curar cualquier dolencia, \u00a1cuanto m\u00e1s tenerle, bien dispuestos, dentro de nosotros! Lo deseamos, como la mujer que padec\u00eda flujos de sangre qued\u00f3 curada al tocar el manto de Jes\u00fas, pero nosotros tenemos m\u00e1s, podemos comulgar. Vemos junto a la Eucarist\u00eda, con los ojos del alma, los \u00e1ngeles adorando la Hostia. Pensemos si lo reconocemos por la fe, nosotros tambi\u00e9n en la fracci\u00f3n del pan.<\/p>\n<p>Toda la participaci\u00f3n plena y activa en la liturgia va hacia aqu\u00ed, celebrar &#8220;el d\u00eda que Cristo ha vencido la muerte y nos ha hecho participar de su vida inmortal&#8221; (plegaria eucar\u00edstica), y all\u00ed hay un car\u00e1cter esponsal, anticipo de la celestial uni\u00f3n con el divino esposo; &#8220;engalanada como una novia ataviada para su esposo&#8221; (Apo 21, 2); all\u00ed es donde est\u00e1 el Misterio de nuestra Fe. Mucha gente dice hoy, como Tom\u00e1s antes de tener fe, escandalizado por la cruz, cuando le hablan de Jes\u00fas resucitado: &#8220;si no lo veo no lo creo&#8221;, y Jes\u00fas se le aparece y le dice: &#8220;Tom\u00e1s, no seas incr\u00e9dulo, sino creyente&#8221;; y nos promete la felicidad cuando dijo: &#8220;bienaventurados (felices) los que sin haber visto creer\u00e1n&#8221;. Buen momento para decirle tambi\u00e9n nosotros: &#8220;\u00a1Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo!&#8221; y pedirle m\u00e1s fe: &#8220;creo firmemente que est\u00e1s aqu\u00ed con tu Cuerpo, con tu Sangre, con tu Alma y tu Divinidad. Aum\u00e9ntame la fe, la esperanza y la caridad&#8230; te adoro con devoci\u00f3n, Dios escondido&#8221;.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se da como alimento de los que peregrinan: &#8220;quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00eda&#8221;, &#8220;si no com\u00e9is la carne del Hijo del Hombre y no beb\u00e9is su sangre, no tendr\u00e9is vida en vosotros&#8221;. As\u00ed como la comida es necesaria como alimento del cuerpo, el alma necesita la Eucarist\u00eda; es necesaria en cualquier circunstancia de cansancio o agobio, hambre y sed de salvaci\u00f3n, en salud y enfermedad, en juventud y vejez, fortalece a todos y es &#8220;vi\u00e1tico&#8221; para quienes est\u00e1n a punto de dejar el mundo&#8230;<\/p>\n<p>La comuni\u00f3n sacramental produce tal grado de uni\u00f3n personal de los fieles con Jesucristo que cada uno puede hacer suya la expresi\u00f3n de San Pablo: &#8220;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m\u00ed&#8221; (Gal 2, 20). La comuni\u00f3n eucar\u00edstica se convierte as\u00ed en germen de resurrecci\u00f3n y en soporte de nuestra esperanza en la transformaci\u00f3n futura de nuestros cuerpos mortales. Pero al mismo tiempo hace de nosotros un solo cuerpo en Cristo (cf. 1 Cor 10, 16-17) y nos hace vivir en el amor y ser solidarios con todos nuestros hermanos: como exhortaba San Pablo a los fieles de Corinto, es una contradicci\u00f3n inaceptable comer indignamente el Cuerpo de Cristo desde la divisi\u00f3n o discriminaci\u00f3n (cf. 1 Cor 11, 18-21). El sacramento de la Eucarist\u00eda no se puede separar del mandamiento de la caridad. No se puede recibir el cuerpo de Cristo y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, son explotados o extranjeros, est\u00e1n encarcelados o se encuentran enfermos.<\/p>\n<p>Jes\u00fas hace realidad lo que dijo: &#8220;Yo estar\u00e9 con vosotros cada d\u00eda hasta el fin de los siglos&#8221; (Mt 28, 20) y tambi\u00e9n &#8220;Venid a m\u00ed todos los que est\u00e9is cansados o agobiados, y yo os aliviar\u00e9&#8221; (Mt 11, 28). Est\u00e1 con nosotros en la comuni\u00f3n con una presencia substancial, es decir que est\u00e1 presente el mismo Jes\u00fas que naci\u00f3 en Bel\u00e9n y creci\u00f3 en Nazaret y que hizo milagros y muri\u00f3 en el calvario, el mismo que est\u00e1 en el cielo es el que se nos da en la comuni\u00f3n. En su serm\u00f3n de Cafarna\u00fcm, nos abri\u00f3 este sentido: &#8220;Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el man\u00e1 en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo, para que el que lo coma no muera m\u00e1s&#8230; el que come de mi carne y bebe de mi sangre tiene ya la vida etern ay yo lo resucitar\u00e9 el \u00faltimo d\u00eda&#8230;&#8221; todo ello es prefiguraci\u00f3n de lo que en la \u00faltima cena dijo Jes\u00fas, ofreciendo el pan y el vino: &#8220;tomad y comed todos de \u00e9l, porque este es mi cuerpo&#8230; tomad y bebed todos, que este es el c\u00e1liz de mi sangre&#8221;&#8230; y ante el desconcierto de algunos, que se escandalizan, podemos decirle nosotros con san Pedro que no queremos dejarle: &#8220;Se\u00f1or, \u00bfa qui\u00e9n iremos? T\u00fa tienes palabras de vida eterna&#8221;. Estar sin Jes\u00fas es un infierno insoportable, y estar con Jes\u00fas es un dulce para\u00edso. Esta apertura a Dios est\u00e1 compuesto de conversiones interiores, en docilidad a las mociones del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Es lo que dicen los poetas sobre la apertura del alma a Dios, como el florecer de las plantas que no pueden contener la primavera que llevan dentro: &#8220;con un roce de tu mirada ya me rindo \/ y aunque yo me haya cerrado como un pu\u00f1o \/ t\u00fa siempre abres, p\u00e9talo tras p\u00e9talo, mi ser \/ como la primavera abre con un toque diestro y misterioso \/ su m\u00e1s terca rosa. \/ Y es un misterio esta destreza tuya de mirar y abrir \/ pero lo cierto es que algo me dice que la voz de tus ojos \/ es m\u00e1s profunda que todas las rosas \/ Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan peque\u00f1as&#8221; (E.E. Cummings).<\/p>\n<p>Los cerrojos saltan, el resentimiento da paso a la confianza, entendemos el &#8220;Si no os hac\u00e9is como este ni\u00f1o, no entrar\u00e9is en el reino de los cielos&#8221; y nos hacemos ni\u00f1os en la fe y abandono confiado&#8230; El alma se hace como una rosa abierta que desaf\u00eda la tempestad de la desconfianza. En la comuni\u00f3n, al contemplar a Jes\u00fas que se juega el todo por el todo, el alma ans\u00eda entregarse, ponerse en las manos de Dios. Auque esa confianza y entrega plena a veces da miedo, pues es perder la vida: &#8220;el que quiera perder su vida la perder\u00e1 y el que la pierde la salvar\u00e1&#8221;, dijo Jes\u00fas. Se ve que hay que sustituir el buscar el \u00e9xito por el servicio. Y as\u00ed como la comida se destruye, es pura gracia: amor, as\u00ed tambi\u00e9n nos hacemos hostia viva como Jes\u00fas, pan blanco para comida de la gente, para servicio.<\/p>\n<p>La presencia del amado es una necesidad del amor, y como una madre que dice a su peque\u00f1o: &#8220;te comer\u00eda a besos&#8221; as\u00ed Jes\u00fas nos dice &#8220;toma, c\u00f3meme&#8221;. Contemplar su pasi\u00f3n y muerte por amor nuestro nos hace proclamar: &#8220;Jes\u00fas, te has pasado&#8230;.&#8221; y ah\u00ed todo tiene un sentido unitario. Entendemos que lo que hac\u00edamos, a veces con cierta rutina, no eran cosas desgajadas, versos sueltos, sino fragmentos de una canci\u00f3n que ahora tienen sentido, pues en la Misa adquiere todo su unidad. Ah\u00ed Jes\u00fas revela el amor. Radica ah\u00ed la verdadera alegr\u00eda de vivir. Jes\u00fas va llamando a nuestro coraz\u00f3n &#8220;\u00e1breme. Estoy a la puerta y llamo, el que me abra cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo&#8221;. Y entonces la gracia aparece con todo su esplendor como un regalo, encanto, brillo, exulte: &#8220;me encuentro feliz&#8221;.<\/p>\n<p>\u00a1Que momento m\u00e1s bueno, para decirle a Jes\u00fas cosas \u00edntimas!, para pronunciar una comuni\u00f3n espiritual: yo quisiera recibirte, Se\u00f1or, con la pureza, humildad y devoci\u00f3n con que te recibi\u00f3 tu Sant\u00edsima Madre, con el esp\u00edritu y fervor de los santos. Los cantos y los silencios sagrados, la m\u00fasica y los detalles de urbanidad, todo es secundario en relaci\u00f3n a la comuni\u00f3n (aunque tambi\u00e9n esos detalles realzan la dignidad de la Misa, y demuestran la fe de quien sabe qu\u00e9 se realiza, y por esto est\u00e1n regulados los colores lit\u00fargicos y los ornamentos, etc., y denotar\u00eda poca fe cambiarlo). La comuni\u00f3n es un misterio inmenso, pues no transformamos el cuerpo de Jes\u00fas en el nuestro sino que Jes\u00fas nos hace como \u00e9l (espirituales, hijos de Dios). La fe nos va llevando a tratar a Jes\u00fas como una persona viva, y transformarnos hasta poder decir: &#8220;No soy yo el que vivo, es Cristo quien vive en m\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de comulgar -tiempo de recogimiento en el que agradecemos a Dios que haya venido a nosotros-, puede continuar a\u00fan despu\u00e9s del saludo final del sacerdote: &#8220;Pod\u00e9is ir en paz&#8221;: as\u00ed acaba la Misa. Somos enviados a llevar la paz, llevando a Jes\u00fas con nosotros: vemos a Jes\u00fas en los dem\u00e1s, y pensamos que dar un vaso de agua fresca a quien lo necesite es tambi\u00e9n ayudar a Jes\u00fas que est\u00e1 en aquel hermano. Ir en paz es una misi\u00f3n que cumplir, es comprender y perdonar (condici\u00f3n que pone Dios para podernos perdonar).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Misa es el ofrecimiento de Cristo y nuestro al Padre. 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