Una aldeana de Nazareth

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Una aldeana de Nazareth

Fuente: Breve curso de Mariología - Pedro García, cmf

Según apócrifos bastante fiables en algunos datos y el testimonio de autores más autorizados, podemos aceptar los nombres de Joaquín y Ana como los de los padres de María, los cuales pudieron haber vivido en Séforis, aunque cuando la Anunciación habitaban sin duda con su hija en Nazaret.

Indiscutiblemente que María pertenecía a la tribu de Judá, como José. Quienes dicen que era de la tribu de Leví se basan en un argumento muy flojo: porque era pariente de Isabel, levita como Zacarías, y también, según varios apócrifos, porque pudo nacer en Jerusalén junto a la piscina Probática.

Ahora nos vamos a contentar sólo con alguna palabra sobre el entorno familiar y social de María, la muchacha de Nazaret. Lucas dice que el ángel fue enviado por Dios a una ciudad llamada Nazaret…; Mateo que Jesús fue a su ciudad…Marcos, que se dirigió a su ciudad… ¿Era Nazaret una ciudad? No llegaba a tal categoría. Un simple poblado, de la baja Galilea, sita en un promontorio a 343 metros sobre el nivel del Mediterráneo. Las casas identificadas por el famoso arqueólogo Padre Bagatti estaban bien. Encima de ellas han aparecido excavados en las rocas silos para los productos del campo, ricos por el cultivo del lino y abundante en olivos y viñedos.

Poblado pobre, pero no tanto como algunos piensan. La región era agrícolamente muy rica, y estaba en comunicación muy buena por la “vía del mar” hasta Cafarnaúm y ciudades del lago hacia el norte; pero, sobre todo al noroeste y a sólo cinco kilómetros, con Séforis, ciudad totalmente helenizada, elegante, mercantil, con una población que podía llegar a los 50.000 habitantes, residencia del rey Herodes Antipas hasta el año 18 en que se trasladó a su Tiberíades, ciudad edificada por él en honor del emperador Tiberio.

Por pequeño que fuera Nazaret, y en región tan rica, el trabajo y el comercio eran seguros. ¿Familias ricas? No. Pero no hay que ponderar su pobreza. Y concretamente, en la familia de Jesús. Si poseían algo de tierra, y Jesús demuestra en el Evangelio haber tenido contacto directo con el campo, no eran tan pobres. José era carpintero, y además, y después Jesús, era “tekton”, artesano plurivalente que ejercía varios oficios, sin descartar el de la madera. Con una Séforis en pleno auge constructivo, ir a trabajar o a llevar sus trabajos a sólo cinco kilómetros, resultaba lo más natural.

¿Y María? Aparte de las labores caseras, ¿no aportaba nada? Un solo detalle. Como toda mujer judía, y más donde abundaba el lino, era sin duda muy buena costurera. La túnica inconsútil que llevaba Jesús, y que apreciaron bien los soldados del Calvario, era indiscutiblemente hechura de María, que más de una pieza pudo llevar al mercado…

Otro detalle, tomado de la valiosísima Vida de Jesús de Ricciotti. Al hablar de la parábola del Buen Samaritano, dice que tenía asno, “lo cual quiere decir que era acomodado”. Pues bien, cuando narra lo de Belén, dice que María pudo hacer aquel camino de 130 kilómetros porque José debía contar con un asno…, algo que un pobretón no podía tener. Los dos pichones de los pobres en vez del cordero en la Presentación no es razón en contra, pues en Belén estaban sin nada, al revés que en su casa de Nazaret.

El gran escriturista Cardenal Ravassi, atendidas todas las circunstancias, exponía la conclusión a que han llegado los estudiosos. Contando sobre todo con que Jesús, igual que José, era “tekton”, y con una gran ciudad como Séforis al lado, de la que Nazaret se podía considerar casi como un barrio, sacan esta conclusión: la familia era modesta, pero, según bastantes críticos, tendiendo a acomodada en aquel ambiente social, de suyo humilde; lo que hoy llamamos entre nosotros, operarios de clase media. No se puede asegurar del todo, porque, lastimosamente, no se ha encontrado ninguna factura de tales técnicos especializados en el entorno de aquel tiempo. Y conviene tener en cuenta otro detalle. José, y no digamos ya Jesús, debían trabajar con verdadera perfección, es decir, que se les podían encomendar trabajos importantes y delicados. Nada de esto dice el Evangelio, pero nosotros discurrimos precisamente con el Evangelio.

Resumiendo, y haciendo un poco de teología, diríamos que Jesús quiso para sí la familia ideal: la que vive del propio trabajo, sin la riqueza que enerva, y sin una pobreza indigna del hombre y no querida por Dios. José y Jesús fueron el tipo de trabajadores honrados y cualificados. Jesús, además, aparte del arameo, la lengua del pueblo, dominaba el hebreo bíblico ya en desuso (Lc 4,17-20), lo cual significaba en aquel ambiente una muy buena preparación que no podía tener cualquiera. Por otra parte, la presencia y actitud de María en la boda de Caná hace pensar que no era una mujer vulgar. Y cuando sus paisanos hablan de Jesús (Mc 6,1-3), con extrañeza y ribetes de envidia, indican que Jesús y María no eran personas socialmente despreciables.

Una palabra sobre el Nombre de María. En una región tan helenizada y con tantos paganos como Galilea abundaban los nombres griegos o se tenía uno al lado del judío, sobre todo entre los hombres. En la Familia de Nazaret ─José, Jesús y sus primos─ eran todos puros judíos y de los más tradicionales. No se acomodaban para nada a los paganos y no constan en ellos más que nombres sólo judíos. Y, entre las mujeres, María, el de la hermana de Moisés, era el nombre más popular y clásico, encontrado hasta en la familia de Herodes el Grande, que era idumeo. Se ha discutido inútilmente su significado, y no se sabe. Dentro del cristianismo, la piedad lo repite incansablemente, y el libro oficial de la Santa Sede sobre las Indulgencias lo propone, junto con el de Jesús, como una oración jaculatoria brevísima: “¡María!”.

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